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Ser niño. Ah, quien pudiera volver a ser niño aqui en Nueva York, de nuevo. Ese es el deseo que tantos españoles tenemos, el deseo de volver a disfrutar de la infancia en esta comunidad en Nueva York, el deseo de volver a ser un niño inocente, con todo el tiempo por delante, con un futuro aun por construir.
Pero, indudablemente, cuando pensamos en la niñez lo que pensamos en realidad es en volver a esas tardes interminables, a esas tardes tan bellas en las cuales parecia que estabamos en el pinaculo de nuestra alegria, divirtiendonos con nuestros amigos, parientes y vecinos.
Esas tardes, ¡esas tardes! Tardes bellas, doradas, hermosas, largas en las cuales alborotabamos nuestro barrio corriendo de aqui para alla, jugando a mil juegos que poco o nada tenian que ver con la electricidad, con la electronica, jugando a juegos inocentes como la mancha, la escondida o policias o ladrones.
Al acabar con todas esas tan extenuantes como divertidas actividades lo que haciamos era comernos una rica naranja. Si, una exquisita naranja. Nuestros niños, hoy, no conocen lo que es un el sabor de una verdadera naranja porque no las han probado. Por supuesto, existen mercados, mercados que tienen naranjas, naranjas que parecen brillantes y ricas pero, al probarlas, lo que descubre el consumidor es que saben... a nada.
La razon esta en la gran cantidad de productos quimicos que le ponen las empresas para hacerlas mas vistosas pero no mejores. Por esa razon, los jovenes agricultores de naranjas de Valencia decidieron comercializar sus propios productos naranjas tan grandes y dulces que son el sueño prohibido de todo niño; naranjas de Valencia similares a las narradas por Bradbury solo que aquellas existian en el papel y estas en la realidad, disfrutable y mordible realidad.
Si usted vive en Nueva York y quiere comprar naranjas valencianas verdaderas, grandes y jugosas solo ingrese al sitio web de estos jovenes agricultores ya mismo: http://www.naranjasdelmijares.com

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